Política editorial

Qué cuenta como reseña propia y qué no

Cada reseña indica con claridad si me inscribí al curso y pagué la matrícula, o si solo analicé el temario disponible públicamente. No son lo mismo y no las presento como si lo fueran.

Cuando me inscribí: completo el curso antes de escribir. Aplico lo aprendido en al menos un proyecto de subcontrato real antes de publicar opinión sobre si el contenido produce habilidades transferibles. Si el material cubre paper space, pruebo el workflow con un layout real, con viewport y escala definida. Si el curso promete enseñar xrefs, lo compruebo con un proyecto que las requiera de verdad. Los apuntes que tomo durante el curso son la base de la reseña; no copio la descripción que vende el sitio del proveedor.

Cuando analicé solo el temario: lo digo en el primer párrafo. La evaluación se basa en qué habilidades específicas cubre el programa, qué omite y qué comparación es posible con cursos que sí revisé de primera mano. Las conclusiones son más limitadas y la reseña lo reconoce sin ambigüedad.

Actualizaciones y correcciones

Los cursos cambian: desaparecen módulos, cambian plataformas, ajustan precios. Cuando noto esos cambios o un lector los señala, reviso la reseña y anoto la fecha de revisión al inicio del artículo. Si el dato estaba mal, lo corrijo y dejo visible el cambio. Si el dato era correcto y el lector lo discute, lo dejo como está y, si tiene mérito, agrego contexto. Las correcciones no se borran ni se ocultan.

Afiliados

Algunos enlaces de este sitio son de afiliado. Cuando un lector compra o se inscribe desde uno de ellos, recibo una comisión sin que el precio que paga cambie. La presencia de un enlace de afiliado no determina si un curso aparece en el sitio ni qué digo sobre él. Los cursos que evalúo mal siguen teniendo enlace si los menciono, porque omitirlo no cambia la evaluación y privar al lector del acceso directo no tiene sentido.

Contexto y límites de lo que escribo

Lo que escribo refleja la experiencia de trabajar como freelance en Tijuana, subcontratando para despachos del norte de México y algún cliente del lado estadounidense. Los estándares de capa, los requisitos de entrega y lo que un jefe de despacho revisa primero varían por ciudad y tipo de proyecto. Yesenia Alcalá, con quien intercambio notas desde hace tres años sobre prácticas de dibujo en distintas regiones, me recuerda con frecuencia que las convenciones que acá se asumen por defecto no son las mismas que se aplican en Monterrey ni en otras plazas. Lo que escribo es un punto de partida, no un manual universal. Verifica siempre lo que pide tu mercado concreto.

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